El Espacio Vacío, El Espacio Lleno

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Cronología
Breve reseña de su vida.

El juego de la luz y del espacio
De Alí Cordero Casal

El esplendor espacio-lumínico de Francisco Salazar
De Perán Erminy  

Imágenes
Una selección de fotografías de las obras de Salazar.

Francisco Salazar: el espacio vacío, el espacio lleno

Francisco Salazar ha sido un estudioso pertinaz de la historia del arte, un estudioso de la teoría artística y de los conceptos desarrollados por artistas innovadores que rompieron con los cánones estéticos y estilísticos propios de las vanguardias históricas de la primera mitad del siglo XX. A mediados de los años cincuenta inició su actividad en el campo de la plástica venezolana. De 1956 a 1966, participó anualmente en los salones Oficiales de Arte del Museo de Bellas Artes de Caracas, años en los que también mostró su obra en importantes salones de arte del interior del país. El entrenamiento primario para idear la construcción espacial de su obra partió de sus estudios en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela, así como de la práctica docente en los cursos de composición básica y diseño en la misma facultad. En el transcurso de esos años desarrolló un cuerpo visual y teórico que llevó consigo cuando decidió residenciarse en Paris en 1967, donde vive y trabaja desde entonces. 

Luego de una breve etapa informalista, muy en boga en el medio artístico del país y debatiéndose entre la abstracción geométrica y el cinetismo, a principio de la década del sesenta comenzó una investigación en el campo de la óptica, el movimiento, la abstracción y la estética constructivista más pura y sutil. Luego de una larga serie de ensayos importantes, por la misma fecha presentó una obra fundamental: Positivo-Negativo No. 1, resultado de una larga investigación sobre el comportamiento del espacio lleno en relación al espacio vacío, este planteo marcó una revolución en su trabajo, y también en el campo de las artes plásticas venezolanas. Tomando el color blanco como prioridad cromática, continuó la serie Positivo-Negativo, cambiando la numeración de acuerdo al orden en que realizaba las obras. En las décadas siguientes concretó varios cambios sobre la misma idea y concepto, reflexionando sobre la realidad espacial de su trabajo, hasta llegar a la ruptura del formato e introducir una suerte de tridimensionalidad libre al crear líneas virtuales en el espacio. Desde un principio el material seleccionado fue el cartón corrugado que le permitió la expresión plástica buscada. Con el corte de la cuchilla sobre la superficie corrugada, Salazar divide ciertos segmentos de ella para disponer “líneas de corte” prácticamente tridimensionales en bajo y altorrelieve, que producen ondulaciones sobre la superficie en ejes previamente calculados: horizontales, verticales o diagonales. En esta obra, la propuesta general está sustentada por el juego de la luz y el espacio. Es a partir de la incidencia de la luz sobre el blanco de la superficie del soporte que las formas geométricas formadas por las “líneas de corte”, generan una vibración lumínica de movimiento ondulatorio virtual muy delicado. Salazar aclara la mecánica central de su obra al plantear que  las formas repetitivas se separan en relieve sobre el fondo blanco de la obra para producir efectos ópticos de las sombras sobre los relieves blancos sobre el fondo blanco acompasado de trazos.  El comprendió desde un primer momento que su obra en movimiento virtual exigía la abstracción pura.   

Sobre el carácter absoluto del blanco, el color que contiene todos los colores pero que a la vez es el no color, considera que es acción pura complementada por la luz que sobre el incide; la absoluta rigurosidad  formal es su cualidad abstracta intrínseca. El interés por el blanco absoluto y la luz, acerca la obra de Salazar a las investigaciones de algunos creadores rusos durante la primera década del siglo XX. La historia del  arte universal ha dado cuenta de la obra suprematista de Kasimir Malevich con su famosa serie Blanco sobre blanco, 1917-1918, la del blanco infinito. Llevando más adelante los aportes del suprematismo de Malevich, Salazar conceptualizó muchas de sus ideas plásticas, por ejemplo la atmósfera mística que la obra encierra en su ausencia total de formas, las fronteras sin límites del comportamiento visual del blanco percibido como sensación del infinito, y el espacio nuevo sin limites humanos.  

Del cartón corrugado Salazar ha extraído una función espacial básica. Este material, con su bella simplicidad estructural y visual, y la pureza del blanco, se descubre como elemento formal en sus intenciones estéticas y funcionales; en su carácter constructivista es un relieve bidimensional cuyas relaciones espaciales no visibles están resueltas en la atmósfera de luz que incide sobre el, disolviendo cualquier indicio de volumen. Sobre la superficie del cartón corrugado aparecen “formas” visiblemente geométricas, orientadas hacia arriba o hacia abajo gracias a la repetición y serialización de las líneas de corte en relieves, resultando en una estética particular del espacio a partir de la libertad de las formas que lo habitan como  estructuras puras, atemporales. Su versión del constructivismo es un minimalismo supremo, solo blanco, luz y espacio, matriz creadora de estructuras vitales de espacio y tiempo: iconos con significado universal.

Salazar insiste en su discurso teórico sobre el arte y sus misterios. En la relación espacio vacío y  espacio lleno que dinamiza la obra, afirma que la existencia de la abstracción en la percepción es el vacío abstracto. Es decir, que su estructura interna se completa con la existencia de una espacio sutil, de gran energía interior y con la interacción de la materia, papel corrugado y pintura acrílica blanca. Las incisiones que rompen el espacio virgen, o vacío, son líneas que marcan el  “rayado” de vacíos y llenos. Casi como la ecuación de Einstein que plantea que la masa y la sustancia de la materia es reductible a la energía, Salazar reduce la materia a energía al demostrar perceptualmente que el espacio vacío está lleno y el espacio lleno está vacío. Con el blanco solo, la monocromía es absoluta, modula la luz y controla las variantes abstractas; en la obra de Salazar pueden percibirse ciertos propósitos plásticos propios de los escultores Pevsner y Gabo, quienes en 1947 escribieron: utilizamos el espacio como un elemento nuevo y plástico: una sustancia que deja de ser, para nosotros, una abstracción, se convierte en una materia maleable y se incorpora a nuestras construcciones.     

A lo largo de su trabajo Salazar ha desarrollado una sistematización de los planos sobre el formato cerrado; luego, para alojar un mayor espacio y hacer participar el muro del hecho plástico, plantea el formato abierto o irregular. El comportamiento espacial de los diferentes planos dependerá de su interrelación, de la dirección de la fuente de luz y sus variantes en zonas iluminadas y oscuras, haciendo que las ranuras del cartón corrugado se proyecten hacia fuera o hacia dentro de la superficie. Está claro que los contrastes de positivo y negativo, leit motif de sus investigaciones, se refieren al espacio blanco generador de estructuras puras, llegando a ellas por un proceso de depuración minimalista  y constructivista, con una fuerte economía de medios.

Francisco Salazar es un artista creador innovador del arte óptico y cinético, su pensamiento estético está recogido en una serie de cuadernos a los que ha dedicado tiempo y trabajo de reflexión sobre el hecho artístico.

Bélgica Rodríguez
Caracas, agosto 2007